Prados 2 (continuación)

El Aldeano

Publicado en: El Aldeano. 15-1-1933

Donde se emplea suficiente estiércol bien complementado con abonos minerales no hay peligro ninguno de que disminuya la fertilidad del terreno, sino todo lo contrario, y grandes beneficios se obtendrán del racional empleo de la cal donde sea preciso o de abonos que la contengan en forma útil. Porque hay que tener en cuenta una cosa, que la cal no obra solamente como abono, es decir, aportando el calcio como alimento a las plantas, sino también como enmienda que acelera la descomposición de las materias orgánicas y aumenta, por consiguiente, la movilización de otros elementos nutritivos. Desgraciadamente, en la actualidad, el labrador local desconoce tanto de prado como de labradíos, de aquí la gran dificultad para el empleo adecuado de los abonos minerales.

Los abonos que ahora se emplean, no se aplican en condiciones adecuadas, por su buen aprovechamiento.

El estiércol enterizo empleado en cobertera no lo aprovechan los prados si no en escasa proporción a pesar de suministrárselo en abundancia. Es debido ello, principalmente, a que nuestros prados están en su mayoría en declive, situación que favorece grandemente el arrastre de las esencias del estiércol por las aguas de lluvia, ya que éste permanece varios meses sin entrar al prado. El viento, por otra parte, contribuye también a eliminar esas esencias, volatilizándolas. Así es frecuente ver en época de siega, trozos de estiércol que a pesar de los meses transcurridos, no ha podido todavía “curtirse”.

Fácilmente se ve que no queremos con esto negar la importancia que el estiércol de cuadra tiene como alimento de las plantas, puesto que tiende a ser un abono absoluto (llámase así al que contiene todos los elementos necesarios a la alimentación de las plantas, en proporciones tales que adicionados a un terreno estéril da lugar al completo desarrollo de los vegetales que en él se cultiven) si no para demostrar la gran ventaja que se obtendría empleando compuestos, abonos mixtos, o sea los que resultan de la mezcla de materias orgánicas y minerales de todas clases. En esto de “todas clases” queremos admitir, por ahora, solamente los abonos minerales de que antes hemos hablado: la potasa, el ácido fosfórico, el nitrógeno y la cal. El ácido fosfórico ya adquirió en estas tierras carta de naturaleza en forma de superfosfatos, y todo labrador depositó en él su confianza por haber dado motivo para ello, y eso sin olvidar que su empleo no obedece a razonamiento alguno científico; la cal, aunque en pequeña proporción, se emplea unida al anterior formando el superfosfato de cal; la misma razón que hay para adoptar estos dos elementos no puede negarse a los otros dos, máxime sabiendo que está muy experimentado y visto el buen resultado de esos cuatro elementos en el cultivo que tratamos. Por otra parte, restringiendo el empleo del estiércol en el prado quedaría para las tierras de labradío, en donde es asimilado en mucha mayor proporción.

No queremos terminar esto sin hablar de algo muy importante para los cultivos pratenses y que aquí se desconoce o, mejor dicho, no se practica. Nos referimos a los cuidados culturales.

Aumenta mucho el rendimiento de un prado el removerlo de tiempo en tiempo. Los que por aquí existen, de 20 o más años, muchos de ellos, no han sido objeto de labor alguna en todo su vida, siendo la práctica de estos cuidados algunas veces, tan importante como el abonado. Antes de las heladas fuertes, durante el otoño y principios de invierno, debe gradarse enérgicamente a los prados. Esta labor lleva anejos muchas ventajas: nivela y hace desaparecer las toperas, reparte uniformemente las deyecciones sólidas esparcidas por el suelo, permite una buena aireación del terreno y una mejor penetración de las lluvias cuando no vengan abundantes. Algunas veces y sobre todo en prados viejos, se observa fácilmente entre la hierba y el suelo una especie de capa formada por hierba muerta; esta capa, que no alcanza la guadaña sino el ganado cuando pasta, permanece indefinıdamente en el terreno y dificulta mucho la entrada de los abonos. Con la labor de grada a la que antes nos referimos puede desaparecer bastante bien esa capa, aunque a veces, por ser ya muy vieja y estar muy tupida es preciso recurrir al «escarificador» o el «regenerador de prados», aparatos que hacen una labor muy práctica.

En fines de invierno es muy conveniente, si ello es posible, un pase de rodillo, que apretando el suelo, favorece el desarrollo de los tréboles y leguminosas en general.

ALEJANDRO SELA

Prados 1

El Aldeano

Publicado en: El Aldeano. 30-12-1932

Teniendo en cuenta la enorme importancia que en esta región tienen los prados como complemento de la ganadería y al misino tiempo la oportunidad de la fecha, nos decidimos a hacer hoy unas ligeras consideraciones sobre su mejora y aprovechamiento. .

Antes de nada conviene que nos cimentemos en citas de maestros del campo, de hombres que consagraron su existencia a las investigaciones agronómicas, para que nuestras aseveraciones adquieran mayor solidez. “He visto arruinarse muchos labradores por tener tierras en exceso. Todavía ninguno por disponer de muchos prados” decía Gasparín; otro autor famoso escribía: “¿Quieres trigo? Pues establece prados”; y por último un adagio dice: “La pradera es la madre de todos los campos”.

Si nosotros aprovechamos la circunstancia de encontrarnos en condiciones plenamente favorables de clima y configuración del terreno, así como fácil mercado para los ganados, que es por donde, en definitiva, se saca el producto, esas manifestaciones se refuerzan mucho más.

Además, los prados aun los atendidos perfectamente, exigen menos gasto y trabajo que cualquier otro cultivo, y esta misma economía de capital y mano de obra, permitirá cuidar más ampliamente los otros cultivos. A esto tenemos que añadır que terrenos impropios para otra clase de producciones, dan buenos rendimientos de prado, y daríanlos mejores, si se les atendiera con miras a superar.

No hace muchos años que el labrador de esta comarca se decidió a dejar tierras para cultivar prados, viéndose claramente que a medida que iban aumentando los precios del ganado las extensiones pratenses eran cada vez mayores, pero en esto, como en el resto de los cultivos, nadie pretendió intensificar la producción, es decir, en el área disponible obtener mayores rendimientos, sino que todo sigue a merced de lo que la naturaleza quiere dar. Al principio fue muy general la creencia de que los trabajos que se hacían en los prados no compensaban económicamente; hoy está fuera de duda el creer que no sólo se puede duplicar el rendimiento de un prado sino triplicarlo.

Toda mejora en ésta, como en las demás ramas de la industria agrícola, debe atender, generalizando, a los siguientes extremos: Selección de las semillas que se han de emplear, labores cuidadosas y oportunas, extirpación de malas hierbas y aumento hasta donde la economía lo permita, de la fertilidad del terreno por un abonado racional e intenso.

Los prados para dar el rendimiento debido, tienen que dejar de ser lo que en la actualidad son: tierras abandonadas con escasa o mala preparación cultural; si bien – repetimos – ocupará menos gasto y trabajo que otros cultivos que son merecedores de mayor consideración. Aparte del abonado, suele a veces ayudárseles con “agra d’herba”, residuos de paja. Esta práctica no es nada recomendable, ya que un prado nuevo, sembrado con semillas de esta procedencia, no viene a ser más que una reproducción fiel de los demás prados, si malas hierbas tienen, malas las tendrá el nuevo, cosa que es esencial eliminar, y eso no se consigue sino seleccionamos con gran escrupulosidad las semillas a emplear.

Frecuentemente se oyen quejas de que las malas hierbas invaden los prados, quizá sin darse cuenta que el procedimiento de siembra antedicho facilita mucho esas invasiones. No vamos a ocuparnos ahora de la extirpación de las malas hierbas, para no extender demasiado estas líneas, pero sí hemos de decir que en este asunto son y mucho más seguros y fáciles los procedimientos preventivos que los los curativos.

Y ahora vamos a tratar, muy ligeramente, de los abonos que en más convienen a los prados.

Todos los elementos que integran el organismo animal, y sus productos derivados se hallan contenidos en la hierba. Entre los muchos que lo forman vamos a destacar cuatro, los más importantes: la potasa, el ácido fosfórico, el nitrógeno y la cal. La potasa influye favorablemente en la formación de los nitratos de carbono (grasas, azúcares etc.). El ácido fosfórico también en estos y en las substancias albuminoides. Un alimento rico en cal contribuye a la buena formación del esqueleto, siendo, además, la cal un gran correctivo de las condiciones del terreno e indispensable para la multiplicación y actividad de los microorganismos del suelo, que tan favorablemente influyen en la fertilidad del mismo. Finalmente el nitrógeno es la clave para la formación de las proteínas, produce un aumento de la vegetación, acelera el crecimiento de las plantas y estimula un desarrollo vigoroso de las raíces, que alcanzan la mayor profundidad en el suelo, pudiendo así luchar más venturosamente contra los periodos de sequía o falta de humedad.

Para obtener hierba de buena calidad son necesarios el ácido fosfórico y la potasa, y si a la calidad ha de unirse la cantidad, finalidad perseguida en todo, por toda industria, el nitrógeno es indispensable.

El uso de la cal como abono ha estado relegado durante mucho tiempo.

Y todo ello fue motivado a que se empleaba sola y en cantidades desproporcionadas, dando efectos buenos en un principio, pero muy agotadores. Un refrán sintetizó entonces su uso: “la cal y las margas (enmiendas calizas) enriquecen al padre y empobrecen a los hijos”.

ALEJANDRO SELA

 (Continuará)

Por esos esfoyois

El Aldeano, Tío Pepe

Publicado en: El Aldeano. 30-11-1932; EL TÍO PEPE (2000)

Estiaño veron as cosechas con ben retraso. Todas; e que nun quedou unha: lo mismo el trigo, que a fruta y el meiz. Por eso os esfoyois nun veron dentro del cuadro del tempo d’outros anos. Nun m’atrevo a votarye a culpa a este retraso de que nun fusen hogaño muy boyantes, muito mais sabendo que hay unhos anos que se vai conocendo unha cierta decadencia n’elos. Quizáis esta falta d’entusiasmo seña a misma que se vai vendo n’outras costumbres tradicionales. Nun sei si a xente se da cuenta d’esto; a lo menos nun fai nada pra que a cousa nun siga asi. Tampouco sei de cierto os motivos pricipales de todo esto; algunha culpa tein a baraxa y’a taberna, porque arredran al home, pero nun e einda esu lo que mais contribuye. Algo é ¿Será el tempo que n’os vai enrolando, feindonos perder lo noso, pr’acoyer eso de fora que muda cada bocadia? Todo elo e el nosu arte, pero muito noso, que nun debemos deixar perderse asi como asi; el perdelo e renunciar a toda a nosa ascendencia. Bien venido seña el cine y todas as cousas que n’os enseñen el mundo, pero nun esqueizamos lo noso. Unha cousa nun ten razón pra quitar outra.

Acordarse d’animación que antes se via en todo el personal que esfoyaba, del afán con que se espian as espigas pr’atopar a mazá escandida por el montón abaxo y pra que el gaiteiro botase unha pecia a acabar, son cousas, pr’al que naceu n’estu, que tein que dolerye sin remedio.

Ta muy en uso agora esfoyar cada un el sou, anque se tarde mais, non como antes que ora se esfoyana hoy aqui y mañá n’el outro lado.

A cosecha d’estiaño nun e como as que houbo desde hay unhos anos; e meyor. Hogano naide ten derecho a queixarse, a lo menos con razón. A min paréceme que por decir esto en voz alta no n’os han sibir a contribución. Hay quen lo pensa, por eso.

Sin embargo, hay algunha casa que anque desmereceu el ánimo d’esfoyar, nun lo perdeu todo. Einda atoupamos algo, buscándoo, claro. Condo ibamos denoite por el camin vimos luz nunha casa por a galeira; pareceunos encontrar algo d’el que buscábamos.

– ¿Quén tá? ¡Oi! nun esperábamos xa esta visita. Pase.

– Buenas noites.

– Buenas.

Personal de troya einda habia d’el: rapazas y rapaces. Habia tamen el personal da casa y’unhas cuantas muyeres d’esas que y’es esqueiceu casarse. A xente nova nun s’aperciviu da nosa entrada; taban todos entretenidos falando del baile del Cornayo. Nosoutros quedamos c’os nosos falando del frio, del gado y de que si sigue chovendo así non podemos labrar el trigo hasta pasar a Conceución.

– Y bueno nia. ¿Que tal de cosecha. Rinde?

– Home, mire; nun ye hay queixa; hay un regalin. Tamén e verdá que el tempo presentouse a pedir de hoca; nun ye veu vento nin agua y asi foise logrando muy ben. Na curtia, alo al primero parecia que foyaba muito, pero por fin foi granando, si señor. Condo menos como agora. Y por a sua casa. ¿Que tal?

– Tampouco hay queixa, vaya. Na Senra non foi muito el que se coyeu, pero hay que ter en cuenta que su labrou p’ralcacel, y d’esque vimos que se presentaba el ano bon deixámolo espigar.

– Muy ben.

¡Reinei, reinei!, empezou a berrar unha rapaza que taba  pr’aquela esquina, entre toda a cuadriya.

 Armouse unha juerga y’un barullo c’ol dichoso reinei que tuvemos varios minutos sin saber si aquelo era un esfoyón ou outra cousa sin parecido. Xente nova y leña verde, todo e fume – dice el refrán y ben dito – El Aldeano de Taves que tava al meu lado, d’esque foi calmando aquela algo, dixo con moita serenidad:

– Nin reinei nin reinache; agora hay república hasta n’os esfoyois.

– Nun n’os riamos d’eso – dicen os rapaces – pero, xa que el Aldeano de Taves ye deu ese color, nun hay inconveniente en que haya república hasta n’os carozos. El noso “reinei” nun ten pizca que ver con outros.

– Ay eso bueno – dice el de Taves.

Por motivo d’esto, tuvemos un bon pedazo falando del partido novo y del veyo y d’os cambios de chaquetas que desde hay unhos anos ven os oyos que nun tan cegos. E milagroso. As muyeres, vendo que falábamos de política, poñénse tamen a falar d’as suas cousas. Hasta que chegou a hora d’a maquila. N’estos encomios, el ama topou unha espiga fiyada.

– Hay que poñela na fumieira por si se pon unha vaca mala -dixo.

Y veu a maquila.

– ¿Quer mellor anis ou caña?

– Ay, Dios del alma; eu nun y’e tomo nada. Anque correra.

– Pois unha copia a tomala. Bou y’a botar de caña.

– Bueno lougo, xa que se empeña.

– Faguede el favor de pasar pr’aqui el pan y as noces, si vos servisteis. ¿Unhas nocías?

– Non, mia fiya; as molas non me deixan.

– Y einda tuvemos ali un pedacin mais en cuentos, mentras comian un bocado os que tian voluntá ¡Como as noites dan pra tanto!

El Tio Pepe

¿Cómo se y’a poñer al neno?

El Aldeano, Tío Pepe

Publicado en: El Aldeano. 30-7-1932; EL TÍO PEPE (2000)

Señores: a cousa pode que nun teña mais interés que el que ustedes quiran darye. Por pouco que seña e abondo, quizais sobre. Pasa con esto como con outras cousas del mundo: unhos conceden importancia a ciertos asuntos, outros, al revés. Esto, dentro da sua relativida, piya a este y’al de más allá. Porque vamos a ver ¿quen nun presenciou, condo nace un neno nunha casa, esos líos tan terribles pr’acontrarye un nombre guapo? Anque teñan el reportorio zaragozano y’el galego, sempre a haber dificulta: Que si se y’a poñer Xan porque se chamaba asi sou abolo; que si Pedro porque ten un tio en Buenes Aires d’este nombre; que si sou padrin que apegarye el sou pra que s’acorde d’él toda a vida. En fin, que si seguimos asi pode que el neno teña cen nombres deseando poñerse nél, y que casualida, todos ou case todos xa se poñeron a algún antepasado sou. Cada un que faga el experimento na sua casa, si e que no lo fixo einda, engarabitando por el árbol genealógico d’a sua familia, y verá, tarde ou cedo, como ha topar n’algún canón del dichoso árbol, el sou nombre. E a costumbre, dice a xente. Será. ¿Buena ou mala? Aló cada un con os sentimientos y’afeutos que poda ter. N’eso no me meto. Agora que si, n’él que me meto eu, e con aquelos que queren perpetuar el sou nombre n’a cabeza d’un ageno, querse decir, d’outra persona, seña ou non parente, chegando a anoxarse condo num pode salir con a sua. ¿Qué si hay quen s’encabrita por eso? Ya lo creo. Esto pode ser motivo pra parar de falarse, por pouco tempo si, pero deixar de falarse al fin, personas de familias achegadas. Y pr’eisto, señores, nun hay razón.

As veces a cousa nun chega a complicarse condo hay personas que saben razonar a su debido tiempo. (Nun podo pasar sin contarvos esto que ouguin eu, condo andaba husmiando por as cucías, xa hay ben anos). Cheguei eu a unha casa unde habia de pouco un home mais. Topeime n’a cucía con el amo peliando con os abolos del recién, tios y parentes máis achegados que a toda costa querian apadrinar. El patrón, con a voz que el caso requeria, dixo: “calai a boca, que si nun morredes, eivos dar a todos el gusto que queredes”. Meu dito meu feito. Nun pasaron muitos anos sin que todos quedaran complacidos. Xa se sabe personas como ésta nun se topan en todos os sitios nin en todos os tempos.

Si se disculparan asi muitas personas nun se veria, como se ve n’él Registro Civil, unha recua de nombres pra cada persona, que, as máis das veces, n’un sirven mais que pra dar lugar a equivocaciois. Cada individo quer poñerye el sou nombre y pra dar gusto a unhos y’outros poinseye todos.

Tein vido a min aguaciles y xente asi que preguntan por individos, preguntarme si conocía a un fulano cualquera, que muy ben podía nombrarse así ou de outra manera; José Antonio Ramón Pérez González; constestarye que nun lo conocia y ser, s’amano viene, d’os meus meyores amigos. Ben por chamarse Antón de Cancieiro, ben por Antonio Pérez, a custión e que si al propio interesado y’e pregunta por el individo de tal nombre, pode que y’e contestase, despois de rascar el curuto; ese por quen pregunta débeye d’ir n’América, porque, que eu sepa, nun hay ningún n’este lugar que se chame asi. Hasta a esto podemos chegar, a nun saber como nos chamamos nosoutros mismos. Y todo por culpa de cuatro parentes que se precian, destimarnos, estimación que el dia de maña no nos trae mais que dolores de cabeza y calenturas,

El Tio Pepe

El Mondongo

El Aldeano, Tío Pepe

Publicado en: El Aldeano. 30-12-1931; EL TÍO PEPE (2000); Entrambasauguas, Nº 13, Invierno/primavera 2000

Acabóuse de labrar el trigo. As labores del campo páranse por pouco tempo nestos días d’Ano Novo, porque tampouco ha ser todo andar entre os tarróis. Pero veu outra faena, outra cosecha se pode decir, que quizáis é a qu’el labrador aprovecha en máis sustanza. Se algo sale da casa, voluntariamente, é pra untar al curial, pr’agradecer un favor…: a matanza, el mondongo…

Bueno, pois as muyeres andarán mui ocupadas estos días por custión del dichoso mondongo. Xa hai días que se ven vir da vila con alforxas hinchadas coas especias pra él: a canela, as pasas y outras cousas, pras morciyas; el pimento, a cordiya, el breimante, pra os chourizos; el sal, que quizáis vén de matute, pra salar xamón, lacóis y toucíus, xa hai días que lo tein na casa. Con todos estos preparativos y a luna nel menguante, esperan as muyeres un bon día, querse decir, un día frío, pra matar el sou coreno. Nun é d’estrañar que teñan tantas precaucióis, porque hai que ter en cuenta unha cousa; que por andar á tarabela poden perderse os xamóis, ou, polo menos, salarse mal, y, unha cousa que costa tantos trabayos en todo el ano, se se malogra unha parte ¡ounde imos parar! Ademáis, hai que ter tamén en cuenta qu’el cocho solo é a dispensa del labrador en todo el ano, pois nas aldeas nun hai obrigas, y anque las houbera, pode que nun s’acudise a elas condo fixera falta, senon condo se podese; y el que ta na casa, xa ta.

Esta labor fáiseyes pesada ás muyeres, que nun sirve deixala d’un día pra outro, nin tampouco queren que yes axuden os homes pois as muyeres – esto sábelo todo el mundo – tein crido que sólo elas poden feir as cousas con limpieza, y esto nun é verda de todo. Nas Américas y todo por aló, sin chegar máis lonxe, según me dicen todos os que d’aló se volveron, en hoteles, fondas y qué sei eu qué, os que rigen as cucías y cousas así delicadas, nun son máis qu’homes. Pero así y todo eu vexo ben que fagan todas estas cousas, porque al fin y al cabo, aquí como aquí y aló como aló. Eso é.

Unha das cousas en que máis s’esmeran as muyeres é nas morciyas, pois en muitas casas, eu téñolo visto, danlas ás amistades, pra qu’en cuanto éstas maten yes dían a proba das súas. “¡Salíronche boas! ¡Botácheyes ben almendras! iNun che saliron tan ben as del ano pasado! ¿Estoupáronse muitas? – Non, que las pinchéi con un alfiler de monxa”. Esto, máis ou menos, é el que se yes oi decir todos os anos.

Einda poin máis esmero, se máis pode poñerse, nos chourizos. Como duran todo el ano y van al pote diariamente, a responsabilidá é inda máis grande que nas morciyas. Condo chega unha visita, un parente, ún cualquera, bótase máis axina mau d’un chourizo que de cousa algunha. Y xa ora, hai que ter tino al feilos. Hai quen ye gusta máis picar a carne a mau que con máquina; hai quen ye bota agua á enayada; hai quen bota el pimento picante y quen dulce; hai quen pica os xamóis porque ye parece que funde a carne en chourizos; hai quen proba a enayada (eu son ún) antes d’embutir, y en fin. Eso vai en gustos.

Como remate del mondongo tán os roxois. Os roxois son pretexto pra feir unha rumba entre os amigos da casa, como se dixéramos el ramo del mondongo. Cómese de todas partes del cocho muito máis que roxóis. A min pasóu me: ir invitado a algunha casa, vir sin fame, y sin probalos.

EL TIO PEPE

Cuento

El Aldeano, Tío Pepe

Publicado en: El Aldeano. 30-10-1931; EL TÍO PEPE (2000)

CUENTO

Poucas había que ye competisen en vestidos y en medias de seda, lo mismo que en cualquera outra cousa que fora de novedá y que chamase a atención. Cando veu a moda de cortar el pelo, ela foi a primeira que, nel sou pueblo, cortou a trenza, cousa que ye valiu a critica y’el dixome dixome d’as vecias y de case todas as suas amigas; pero bueno, esto nun tia importancia, muito mais sabendo que as que antes falaban mais pouco tempo tardaban en cortarlo. N’en verán sobre todo, taba sempre pendiente d’a modista, pois poucas festas habia en que nun houbese estrenau d’un crespon, cando menos. Esta era Josefa Méndez, mais conocida por el nombre de Pepia del Peneireiro.

Todo esto se explica sabendo que Pepia era fiya única del labrador mais fuerte del lugar. Manuel del Peneireiro y da muyer, Perpetua, muyer con a que casara porque ya encamiñara un parente que tia en Taramunde, pueblo nativo d’ela. Estos, mais dous criados que tian cuadra y criada, eran os que ocupaban a casa d’os Peneireiros, antes muy conocida en todos os contornos por a muita influenza polìtica que tia, y que siguiria tendo hoy, se nun cambiaran as circunstancias. El caserio era todo propio y’einda cobraban algunha renta, de fosros mais que nada.

Como a labranza era grande, ademais d’os dous criados que tian, nun faltaban muitas veces xornaleiros pra trabayos que, na casa d’un labrador, nunca faltan. Feir comida n’estas condiciois, era trabayo abondo pra unha sola persona; pero nun teñades medo que esta persona fora Pepia. Nada d’eso. Faguia, si, algunha cousa que se ye antoxaba y que aprendia n’os libros: franes, moñoelos y d’estas cousias asi; algún dia, cando habia muito apuro, tamen yes levaba a merenda al eiro; y el resto del tempo pasábalo vendo revistas de modas y cuidando os vestidos pra que nun y’os picara a poliya. Veinte y dous dius de aradura a cada mau y’unhos miles de rales n’el banco, permitian estos lujos y comodidades.

Con estos procedentes nun tia nada de particular que cuando se presentaba nunha festa chamara a atencion d’unhos y d’outros; y, xa ora, como eran muitos os rapaces que yes gustaba, viase muy favorecida por tanto devoto; con avellanas, refrescos y mil zarapayadas mais; pero pasábaye como con os vestidos, gustábaye variar.

Por fin houbo un que, por razois que non sei explicar y todo el mundo comprende, enreizou mais c’ous outros. Era dún pueblo de non muy lonxe, d’unha boa casa, que e tanto como decir, rico y de buena familia, y renuia todas as condiciois que fain falta pra decir, “igualan ben”.

Antes que elos, os pueblos d’un y d’outro encargáronse de dar a noticia da boda, pois d’estas cousas entéranse antes os vecius que os interesados; cheguose a falar d’a data d’ela, de que xa houbera regalos, y nun faltou quen se anoxase porque nun lo invitaran pra boda, cuando ven e que, si houbo algo, nun pasou da porta pra fora. Pero a xente e asi. Todo el que se case ten que pasar por estas ou sinon nun casarse.

Muy bon. Pasó el tempo, y con él nun pararon de abalarse as lenguas, as lenguas que fain. culto asi mismas. José Zarrado – que asi era el nombre del rapaz – seguía indo y vindo na sua besta, que comprara en Mondoñedo, fai tres anos pra San Lucas, que nun tia mais defeutos que el darse d’un pé.

El demo nun dorme. Cuando taba el pueblo calmado del bule bule que os amores de Pepia motivaran, chega d’Habana don Apapucio Méndez Carvajales, tio de Pepia, por parte del padre, quen, despois de pasar una temporada al lado d’os sous, emprende un viaje por algunas poblaciones de España. Pouco tempo despois, el cura d’a parroquia lee “primera y última”.

Algún tempo mais tarde lemos d’el periódico local: «Han salido para la Habana el rico propietario D. Apapucio Méndez Carvajales y su distinguida y bella esposa Doña Josefa Méndez. Lleven buen viaje».

EL TÍO PEPE

La Biblioteca y la Agricultura

El Aldeano

Publicado en: El Aldeano. 15-9-1931. Páginas 1-2

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(«La Biblioteca y la Agricultura»: Ponencia de Alejandro Sela en la Reunión de la Biblioteca Popular Circulante de Castropol, realizada el 6-9-1931) 

EXORDIO

De los temas tratados en esta reunión de los que revisten mayor importancia y transcendencia, es el referente a las relaciones de la Biblioteca con el pueblo agricultor relaciones que a más de ser culturales han de sentarse en un fin primordial: el de la profesión agrícola.

Las bibliotecas rurales – llamemos así a las que están en los pueblos en que domina la masa agricultora – han de nutrirse en parte de tratados de agricultura, sin excluir, naturalmente, la materia que tienda a instruir y a completar los conocimientos que la sociedad moderna exige. El agricultor del occidente asturiano procede en sus trabajos tan rutinariamente, como sus antepasados, que casi podemos decir que desconoce su oficio, si se tiene en cuenta el estado actual de la verdadera agricultura. Hay, pues, que darle medios para conocerlo. 

La causa de que el labrador no haya mostrado interés en acudir a libros y revistas a consultar sus cosas, es debido al desconocimiento que tiene del lenguaje agrícola, y del poco trato que tiene con elementos que le inviten a hacerlo así. El lenguaje de esta comarca es tan marcadamente regional y tradicional, que las prácticas nuevas de trabajos agrícolas y modificaciones que se hacen constantemente no llegan aquí debido a eso: al abandono del noticiario agrícola. 

Considero que una práctica de las más útiles, en los tiempos actuales, sería el desarrollo de cursillos, cuyo principal objeto, además de enseñar procedimientos nuevos, conduciría a evitar los errores que antes dije: familiarizar al labrador con el lenguaje agrícola, ponerlo en condiciones de comprender una conferencia y de sacar provecho de explicaciones de elementos de autoridad, que algún día pueden acercarse a nosotros. 

De esta forma, acercándose a los labradores, a su propio ambiente, exponiéndoles las cosas con palabras claras, es como se consigue que éstos pierdan el temor, que no miren con recelo todo lo que sea innovación de sus cultivos y procurando desterrar, aunque sea poco a poco, todo lo que no dé el rendimiento adecuado a las necesidades, que cada día son mayores. 

La Agricultura marcha a gran paso; lo que ayer fue considerado como perfecto, hoy es, en algunos casos, abandonado, y en otros, modificado con arreglo a los últimos descubrimientos o a las necesidades sociales y económicas de la comarca o de la región donde se explota un cultivo o un ganado. Por eso, por el constante progreso agrícola y ganadero mundial, seria inhumano abandonar al labriego a sus propias fuerzas, a sus anticuados procedimientos, a sus costumbres, a sus rutinas. 

Pero esta labor, cuyas riendas debiera llevar el Estado – cumpliendo así un elemental fin de devolver colectivamente los impuestos que recolecta – la acoge la B. P. C. pareciéndole al hacerlo, que contribuye a una obra muy útil, muy humana y muy sagrada: enseñar al que no sabe. 

Práctica recomendable.-

Antes de nada debo manifestar que todo lo que más abajo pueda decir está hecho teniendo en cuenta las no abundantes posibilidades económicas de la B. P. C. pues no creo conveniente hablar de cosas que, aunque sean de utilidad, no cabe en la actualidad alcanzarlas. 

Parécenos que en la escuela es donde principalmente debe iniciarse la labor del agricultor, de donde debiera salir, por lo menos, con afición a su oficio, y para ello, nuestras modestas indicaciones irán encaminadas a ese fin. 

A parte de los cursillos, de que ya anteriormente hablamos y que deben desarrollarse en las sociedades agrarias, consideramos de utilidad: 

Establecimiento de herbarios en las escuelas. Estos herbarios pueden ilustrar grandemente a los niños, han de estar de modo que cada planta tenga una nota explicativa referente a su cultivo, abonos que conviene aplicarle y todos los datos que indique la conveniencia de trabajar dicha planta. Como estos herbarios son fáciles de hacer, puede el alumno reproducirlos conjuntamente con la nota explicativa y llevarlo a sus casas, para consultar el día que fuera necesario lo que de cada planta pueda interesarle. Deben colocarse en los herbarios las plantas que sean características de la región, o las que siendo desconocidas, puedan introducirse con probabilidades de éxito. Las plantas forrajeras son interesantes todas; plantas mejorantes del suelo; plantas que pueden enterrarse en verde como abono etc. etc. 

Muestrarios de insectos y animales útiles a la agricultura para que sean protegidos y lo mismo de las dañinas para combatirlos. 

Muestras de plantas con enfermedades y procedimientos elementales de prevención y cura. 

Muestrarios o figuritas de diversas clases de ganados con sus principales características lo mismo vacuno que de cerda, lanar y de todo el que pueda interesar a la región. 

Mapas de estadísticas agrícolas y gráficas de producciones. Fomento del cultivo de los árboles, principalmente del manzano para hacer sidra, poniéndose de esta manera a tono con el resto de la región, porque no ha de ser todo trabajar para comer, sino que hay que trabajar algo para beber. 

También pudiera ser de alguna utilidad muestras de abonos. Para ello no es necesario más que unos frasquitos, donde se coloca una pequeña cantidad de abono: con una nota explicativa acompañando a cada frasco se puede saber fácilmente a que plantas es útil tal abono. Esta, bien pudiera tenerse en las sociedades agrarias o en las escuelas. 

Este mismo procedimiento puede seguirse con las semillas. 

ALEJANDRO SELA

Vilavedelle 22 de agosto de 1931.

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Os caleiros de Vilavedelle

El Aldeano, Tío Pepe

Publicado en: El Aldeano. 30-6-1931; EL TÍO PEPE (2000)

Tempo foi aló pola segunda mita del siglo pasado en que Vilavedelle tía unha boa axuda económica nos fornos de cal. Naquelos tempos, el ter un caleiro nun era máis qu’un complemento das labores del caserío. Case todas as casas, por nun decir todas, tían entonces el sou forno, unde os vecíos empleaban el tempo que sobraba das laborías y unde gastaban as poucas energías que yes quedaban de piyar os tarróis y peliar cos balocos, qu’había ben d’elos.

El trabayo que daba un caleiro é un trabayo dos máis penosos pral qu’era necesario xente de muito arranque y de muito embiste. Xa se sabe que naquelos tempos todos tían estas cualidades, cousa que nun pasa agora, pois ademáis de ser d’outra naturaleza, ta a xente feita a outra vida mui diferente (a xente d’hoi quizabes nun aguantase este trabayo).

A causa qu’os labradores se dedicasen a este trabayo era debido a que, como había muita pedra y mui boa, quixeron aprovechar unha riqueza qu’a naturaleza cedéu a este pueblo. Esta pedra gozaba tamén de fama pra obrar y pra feir baños de salar, pois d’aquí saliron todos os baños d’unha peza que se conocen en todos os alrededores.

Anque haberá muitos que tán enterados de cómo se faguía antiguamente a cal, pode haber algún que nun teña, y pra estos vou decir unha pouca cousa das operacióis qu’había que feir.

A primeira labor que se presenta pra cocer unha fornada é el saque da pedra. Nun fai falta que diga el trabayo que leva el sacar a mandarriazos y con escasa pólvora de treinta y cinco a cincuenta carros de pedra, según a grandura del forno. A pedra que se saca vaise arriando pral pé del forno. Vén despóis a coyida del toxo pra cocer, que vein a feir falta al pé de corenta y cinco carros; había qu’ir a él a Grandaya pois era tanto el que se cocía qu’os montes de cerca del pueblo taban todos rapenados; había que baxalo, y pra elo poñíanse d’acuerdo unhos vecíus con outros pra treilo todo en pouco tempo. D’este xeito correspondíanse unhos a outros.

Despóis vía a armadura, qu’é a operación máis difícil, porque un forno ben armado leva, ademáis de muitas fanegas, a ventaja de cocer ben, cousa pra la cual había sempre xente ben entendida.

En cuanto taban os materiales reunidos había qu’esperar un bon día pra encender, pois como dura encendido unhas corenta horas, máis ou menos, nun servía andar á tarabela, porque podía chover y malograrse todo el trabayo que se fixera. Ben é verdá que tampouco faltaban entendidos na materia, pra eso poñían a pucha al lado mirando as estrelas y as nubres y pronosticaban al sou xeito. Sabido é qu’algunha vez s’equivocan, pero eran as menos, y cuando esto yes pasaba disculpábanse así: “Ta el tempo aturbonado; xa volo decía eu”.

Despóis d’encendido había que tar, como antes dixen, corenta horas atizándoye sin parar, labor mui agotadora polas grandes temperaturas qu’hai qu’aguantar; pero pra eso alternaban os individos qu’atizaban cada unha ou dúas horas. A bota del viño era unha ferramenta mui usada en todas as operacióis, pero nesta última máis qu’en ningunha.

Pasadas estas faenas y desde qu’enfriaba el forno, hala, sacar a cal y cargala nos carros pra levala a unde fora pedida, ou vender alí a os que vían buscala. Medíase como agora, en fanegas, pero ¡qué fanegas! Atrévome a decir, y sin medo ningún, que cada unha tía por tres das d’agora. Esto en cuanto a cabida y en lo que toca a coste, tres reales ou unha peseta, sendo agora el precio tres ou cuatro pesetas.

Einda hai hoi nel sito que ye chaman A Tarexe, os fornos qu’antes funcionaban (trece ou quince) envoltos polas hedras, as silvas y as folgueiras, unde fain os níus os carrizos y as papudas.

Como este sito ta na veira da ría, nun faltaban lanchas pr’arriar a cal nas que se fixeron grandes patróis. Teño ouguido nombrar, entre muitos máis qu’agora nun acordo: Cereixeiras, Carabel, Bodegos, Murias, Suabarra, Louguisón, Filipón, etc., etc. Queda d’estos Manuel da Bodega, que nos cuenta einda muitas das súas aventuras pola ría del Eo, tan chías de tradicióis gloriosas. El ayudante d’éste, Amador de Suabarra, tamén nos cuenta cousas d’este pasado tan esclavo y tan pouco lucido. Einda se ven hoi nas ribeiras de Vilavedelle esqueletos de lanchas célebres, chantados na lama, que naquel tempo foron el verdadero orgullo dos sous patróis. Un d’ésos, Carabel, cuando vía a súa lancha cortar as olas, decía: ¡Cómo las cortas, Copria!, dito que quedóu na memoria dos vecíus como símbolo de gloria y de recordo d’aquelos tempos.

EL TÍU PEPE

Mejora de la ganadería

El Aldeano

Publicado en: El Aldeano. 15-6-1931

Los éxitos mejor logrados de la ganadería corresponden, en la actualidad, a los obtenidos por procedimientos de la mejora, selección etc. puesto que, en ganadería, como cualquier industria todo se hace con mirar a una superación debido a las competencias y demás exigencias que el carácter de la época actual impone. Y al que quiera competir con los productos de sus ganados tiene que desterrar por completo la rutina y acogerse a todo lo que pueda darle una luz de ventaja y progreso.

En la parte central y oriental de Asturias hace ya tiempo que los agricultores, sin descuidar los demás menesteres agrícolas, se preocupan grandemente de la mejora ganadera, porque saben que tienen en ella un gran porvenir, cosa que no toman con tanto calor los agricultores de la parte occidental. Para ello se han dotado primeramente de un gran espíritu societario, prestando toda incondicional ayuda y entusiasmo o sus asociaciones, espíritu que se consolida ahora con la lectura de diarios, revistas y obras que tratan del asunto.

No es que por esta parte carezcamos de sociedades, ni mucho menos de buenos elementos que dirijan y orienten éstas; pero es tal la dejación de muchos labradores y la negligencia con que proceden, que hemos visto en sociedades de esta comarca, juntas generales a las que no concurren más de un tercio de sus socios, siendo así que los mejores deseos y aspiraciones de sus juntas directivas se ven debilitados por la falta de calor y aliento de sus consocios, que, por otra parte, muchos de ellos, están gozándola en las tabernas.

Y no es que estas abran precisamente – digámoslo en su honor – el mismo día que se convocan juntas generales, sino que tienen libertad diaria hasta bien entrada la madrugada ¡Y todavía no llega!…

En el concurso de ganados celebrado por la Asociación General de Ganaderos de España, en la Casa de Campo (Madrid) en mayo del año pasado, por más que hemos buscado, no hemos encontrado ningún ganado que perteneciera al concejo de Castropol, habiendo brillantes representaciones de casi todos los demás concejos de Asturias. De Aller, pueblo del partido de Pola de Laviana, hubo una vaca que sacó dos primeros premios, y de los demás pueblos infinidad de reses que sacaron primeros premios de su clase, dato que por sí sólo basta para demostrarnos que nuestros paisanos de un poco más allá no se descuidan de uno de nuestros principales problemas. Cuidan mucho estos paisanos de la selección de sus ganados, así como de los cruces llevando, con la cooperación de los sindicatos, registros genealógicos, donde anotan el padre y la madre de una res, procedencia de estos y todos los datos que puedan servir posteriormente para indicar la conveniencia o no de seguir explotando dicha res. AsÍ, naturalmente no son de extrañar los premios que obtienen en cualquier sitio que se presenten.

Sigámosles, ya que no podemos marchar al par con ellos, en la seguridad de que pronto los cogeremos, y luego que los alcancemos, marchar todos juntos para obtener una Asturias grande y próspera.

Cousas del tempo

El Aldeano, Tío Pepe

Publicado en: El Aldeano. 15-4-1931; EL TÍO PEPE (2000)

  • Ola, Pepe ¿como che vai?
  • Ben ¿y tú?
  • Nun hay novedá; mentres anda un, menos mal.
  • ¿Veis de pagar a paga?
  • Si, veño. Por cierto c’agora da gusto, porque en cuanto chega un, paga y’ala, vaise correndo pra casa, y’einda se pode aprovechar medio dia, que del outro xeito, como antes, eso de tar ali todo el dia tia a un empendangado. Y’ademáis, habia que comer aló, que tamén e outra contribución.
  • ¡Y se fora sólo a xanta! Despois via lo demais: neto aquí, chiquito ali; cuando chegaba un a casa iba amolado y sin un perrin. D’ese xeito faguiamos unha festa dun dia desgraciado. Agora, como tá dividido en parroquias, e muita comodidá
  • Si xa. ¡Muita comodidá! Pra estas cousas dannos muitas facilidades. Sempre foi igual. Pero lo qui’e, desde que pagas, acordarse de ti ¡Miau! ¡Coruxa papou! E verdá c’hay mal y pior, pero bueno. Y digo eu, ho ¿vaxaron algo?
  • ¡Tas tolo! Pregunta si subiron, ca min nun sei como mʻamolaron cuatro pesetas y céntimos desde el outro trimestre. Timbre d’aquí, móvil del outro lado, en resumen de cuentas, eso que che digo.
  • Cálame xa a boca, ca min ben sei ma subiron, pero hasta mañá nun sei el qué, porque a mia parroquia tocaye mañà ¡Y pra que diante cambiou el Gobierno! Cuando parecia qu ́ibamos pra ben, vamos de mal en pior.
  • Y xa que falas del Gobierno, dicen por ei c’hay eleucciós en abril ¿tú sabes algo?
  • Eso falan; pero vai crerye tu a esa xente. As eleuciois ¡quén las piyara! Tu nun sabes que estos gobiernos de dictadura nun las fain. Y se las fixeran, seria chocolate con arengues. Ademáis, se chegaran a feilas y foran de justicia ¿a quén che parece que prenderian primeiro?… Y’eso nun pode ser, y tu ben lo sabes ¡Bos peixes tan alredor del pote!
  • Pois eu, se chei decir a verdá, creo que las haya. E muito el tempo que leva a Xente sin moverse, y’esta e unha cousa que, mais ou menos, todo el mundo la quer
  • Nun penses en nenadas, Xan! Mira: si os que sodes algo politicos, ou, meyordito, lo foste, queredes eleuciois, faguede unha rogativa haber se asi vos cai algo. Vexovos vir, conózovos como se lo fora eu. Desde que vos falta aquel mangoneo parece que nun acongoxades; mais d’esta vez paréceme que chegastes tar de. Y’el que mais m’amola a min son esas ilusiois, esa esperanza n’el que nun ha vir. Tú nun sabes ese dito c’hay por ei, que dice:

Ayer dicícheme c’hoy,

hoy dicesme que mañá

y mañá as me decir:

– ¿Cocéronxe xa as patacas?

– Non; pero eiyes atizar candela.

El Tio Pepe