Prados 2 (continuación)

El Aldeano

Publicado en: El Aldeano. 15-1-1933

Donde se emplea suficiente estiércol bien complementado con abonos minerales no hay peligro ninguno de que disminuya la fertilidad del terreno, sino todo lo contrario, y grandes beneficios se obtendrán del racional empleo de la cal donde sea preciso o de abonos que la contengan en forma útil. Porque hay que tener en cuenta una cosa, que la cal no obra solamente como abono, es decir, aportando el calcio como alimento a las plantas, sino también como enmienda que acelera la descomposición de las materias orgánicas y aumenta, por consiguiente, la movilización de otros elementos nutritivos. Desgraciadamente, en la actualidad, el labrador local desconoce tanto de prado como de labradíos, de aquí la gran dificultad para el empleo adecuado de los abonos minerales.

Los abonos que ahora se emplean, no se aplican en condiciones adecuadas, por su buen aprovechamiento.

El estiércol enterizo empleado en cobertera no lo aprovechan los prados si no en escasa proporción a pesar de suministrárselo en abundancia. Es debido ello, principalmente, a que nuestros prados están en su mayoría en declive, situación que favorece grandemente el arrastre de las esencias del estiércol por las aguas de lluvia, ya que éste permanece varios meses sin entrar al prado. El viento, por otra parte, contribuye también a eliminar esas esencias, volatilizándolas. Así es frecuente ver en época de siega, trozos de estiércol que a pesar de los meses transcurridos, no ha podido todavía “curtirse”.

Fácilmente se ve que no queremos con esto negar la importancia que el estiércol de cuadra tiene como alimento de las plantas, puesto que tiende a ser un abono absoluto (llámase así al que contiene todos los elementos necesarios a la alimentación de las plantas, en proporciones tales que adicionados a un terreno estéril da lugar al completo desarrollo de los vegetales que en él se cultiven) si no para demostrar la gran ventaja que se obtendría empleando compuestos, abonos mixtos, o sea los que resultan de la mezcla de materias orgánicas y minerales de todas clases. En esto de “todas clases” queremos admitir, por ahora, solamente los abonos minerales de que antes hemos hablado: lo potasa, el ácido fosfórico, el nitrógeno y la cal. El ácido fosfórico ya adquirió en estas tierras carta de naturaleza en forma de superfosfatos, y todo labrador depositó en él su confianza por haber dado motivo para ello, y eso sin olvidar que su empleo no obedece a razonamiento alguno científico; la cal, aunque en pequeña proporción, se emplea unida al anterior formando el superfosfato de cal; la misma razón que hay para adoptar estos dos elementos no puede negarse a los otros dos, máxime sabiendo que está muy experimentado y visto el buen resultado de esos cuatro elementos en el cultivo que tratamos. Por otra parte, restringiendo el empleo del estiércol en el prado quedaría para las tierras de labradío, en donde es asimilado en mucha mayor proporción.

No queremos terminar esto sin hablar de algo muy importante para los cultivos pratenses y que aquí se desconoce o, mejor dicho, no se practica. Nos referimos a los cuidados culturales.

Aumenta mucho el rendimiento de un prado el removerlo de tiempo en tiempo. Los que por aquí existen, de 20 o más años, muchos de ellos, no han sido objeto de labor alguna en todo su vida, siendo la práctica de estos cuidados algunas veces, tan importante como el abonado. Antes de las heladas fuertes, durante el otoño y principios de invierno, debe gradarse enérgicamente a los prados. Esta labor lleva anejos muchas ventajas: nivela y hace desaparecer las toperas, reparte uniformemente las deyecciones sólidas esparcidas por el suelo, permite una buena aireación del terreno y una mejor penetración de las lluvias cuando no vengan abundantes. Algunas veces y sobre todo en prados viejos, se observa fácilmente entre la hierba y el suelo una especie de capa formada por hierba muerta; esta capa, que no alcanza la guadaña sino el ganado cuando pasta, permanece indefinıdamente en el terreno y dificulta mucho la entrada de los abonos. Con la labor de grada a la que antes nos referimos puede desaparecer bastante bien esa capa, aunque a veces, por ser ya muy vieja y estar muy tupida es preciso recurrir al «escarificador» o el «regenerador de prados», aparatos que hacen una labor muy práctica.

En fines de invierno es muy conveniente, si ello es posible, un pase de rodillo, que apretando el suelo, favorece el desarrollo de los tréboles y leguminosas en general.

ALEJANDRO SELA

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