Vinos de España

Inédito

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España se encuentra en óptimas condiciones para dar buenos vinos. Y los da. Dentro de ciertos límites tiene variedad de suelos y de climas. Desde Cádiz a Gerona, por una parte y desde Pontevedra a Murcia, por otra, se puede decir que no hay provincia que no de vino. De 8600 municipios, aproximadamente, que hay en España, unos 6000 lo producen. 

Influyen decididamente en la producción vitivinícola, en primer lugar, el sol. Y, después el suelo y cuidados esmerados. Los vinos españoles en general en los últimos años han mejorado a ojos vistas. Ello se debe principalmente al gran desarrollo del cooperativismo que, por tener más medios, dispone de mejores instrumentos de elaboración. Y, además, a que hay muchos más técnicos con plena conciencia de lo que deben hacer. 

Desde hace muchos años la gente de la calle tiene, sin que yo sepa por qué, jerarquizados los países que producen los mejores vinos. Y si esto pudo ser cierto en algún momento hay que reconocer que no puede dársela un valor eterno… Los países evolucionan. Hay que reconocerlo. 

La planta de la vid tiene categoría de arbusto – menos que árbol, en tamaño – y tiene su estructura externa muy retorcida y nudosa. Algo parecido al roble… Su raíz es muy ramificada en general. Y, con ella, claro, se alimenta. Por razón de la poda se la obliga a dar donde técnicamente convenga, cada año, nuevos brazos, llámense pámpanos o sarmientos. Y estos, a su vez, dan los racimos. Si yo tuviera que dar, por cuenta propia, una definición de esta planta, diría así. La vid, cepa, es una señora algo coqueta que usa pendientes – racimos – solo en el verano. Y que estos pendientes unas veces son de oro y otras de azabaches.

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Cada tomador tiene, en España, si quiere, vino hecho a la medida, Blanco, tinto o clarete. Y, por supuesto de la «fuerza» que desee. Ligero – en torno a los diez grados -, normal – de unos trece – fuerte – de algo así como diez y siete -. Y, además, en distinto estado “de vida” o crianzas: frescos – del año -, adolescentes – de dos o tres años -, y reservas – de cuatro o cinco años en adelante-.Y si a todo añadimos los precios, se puede decir: En España hay vinos para todos los bolsillos…            

La frase vinos corrientes puede ser y es con frecuencia equívoca. Vinos corrientes no quiere decir vinos malos. Vinos corrientes quiere decir solamente vinos no embotellados y, que, a veces, son muy buenos. 

El vino embotellado en cierto modo tiene asegurada la continuidad del sabor en las diversas cosechas. El vino corriente, menos.

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Demos una vuelta por España probando vinos. Apreciemos su calidad. Y, sobre esta base, cada uno debe ser juez de lo que bebe. El gusto lo estimo personalísimo. A uno le gustarán los vinos secos, a otro los abocados – ni dulces ni secos – y a otros, los más bien dulces. Hay quien los prefiere tintos de mucha capa, hay quien claretes. Y otros, blancos. Según. 

Situémonos en el centro de España. En Madrid. En esta provincia hay vinos muy respetables, dignos de toda consideración. Se puede ir en poco tiempo a Chinchón, Arganda del Rey y Colmenar de Oreja. Y, por otro lado, Navalcarnero, Villa del Prado, Aldea del Fresno y San Martín de Valdeiglesias. 

No lejos de estos lugares hay un pueblo, de Ávila, en la sierra, que cuenta con un vino importante. Es Cebreros. Entre otras, hay una bodega, Blázquez, que vale la pena conocer. 

La Mancha también está cerca de Madrid. Para ir a ella el camino es fácil, muchas rectas y pocas curvas, y nada de cuestas. Se puede uno detener, para empezar, en Mota del Cuervo. Y saliéndose de la carretera general, por Pedro Muñoz, se deben visitar Socuéllamos, Tomelloso, Argamasilla de Alba, Villarrobledo… O, hacia otra parte, Alcázar de San Juan, Daimiel, Manzanares, Valdepeñas… 

Por encima de Madrid, en el mapa, está Castilla. Los vinos de esta histórica tierra debieran tener más nombre del que tienen en el ámbito nacional. Los hay, no solo buenos, sino también sorprendentes. En Valbuena de Duero está el vino especialmente refinado, el tinto Vega-Sicilia. Y en Peñafiel, el Protos, de la Cooperativa del Duero. 

No se puede olvidar el Barrigón, clarete, de Cigales, a nueve kilómetros de Valladolid. En torno a Medina del Campo hay una serie de pueblos que producen unos vinos dignos de la mayor atención: Nava de Rey, Rueda, Pozaldez, La Seca… Casi todos son blancos y algunos, amontillados, realmente señoriales.

En Palencia dominan los claretes, equilibrados y sabrosos. Dueñas, Cevico de la Torre, Baños de Cerrato y Villamuriel los dan. Entre otros pueblos, claro. 

En León hay dos zonas. Una, importante, con su centro en Cacabelos y Ponferrada, cerca Galicia. Y otra, al sur, con centros productores tan señalados como Valdevimbre y Ardón. 

Al sur de la provincia de Burgos hay abundantes tierras vitícolas: Aranda de Duero, Gumiel de Hizán, Roa, La Horra… 

Galicia tiene varias partes productoras de buenos vinos. En Orense, Barco de Valdeorras, La Rúa Petín, al este. Y al sur Verín y Monterrey. Por el oeste Rivadavia con sus tintos y tostados. Estos últimos, dulces. 

En Pontevedra hay tres zonas productoras. El Condado, dentro de La Cañiza, con Arbo, Nieves, Salvatierra. Otra, muy notable, el Rosal, y en la costa, casi lindando con La Coruña, el Salnés, con su centro en Cambados. Aquí se producen Los Albariños, blancos, muy bien elaborados. A estos vinos se les da «lacón con grelos» y uno va que «arde». 

Los vinos de La Rioja, blancos y tintos, tienen múltiples devotos. Se elaboran con esmero y van a todas partes. Uno se va al puerto de Herrera y, desde allí, se puede contemplar el panorama riojano. La Rioja tiene dos monasterios que hay que ver. El de San Millán de la Cogolla, de agustinos, y el de Valvanera, de benedictinos, donde está la Virgen patrona de la Vendimia riojana. Pueblos: Labastida, Cenicero, Navarrete, Laguardia, Elciego, Haro… Y nombres que «suenan» en los restaurantes: Lopez Heredia, Marqués de Murrieta, Marqués de Riscal… 

Navarra también tiene «sus vinos”. Los pueblos que los producen son muchos. He aquí algunos: Felces, Olite, Tafalla, Estella, Lodosa…Recuerdo dos pueblos con vinos que «me van». Puente la Reina con su Sarria. Y Pamplona con Las Campanas. 

Zaragoza produce vinos por Borja, Magallón…, y buenos. Pero hay otra parte, fabulosa por su belleza y contenido, y que gira en torno à Cariñena. Pueblos colaboradores, que también dan nombre a la zona, son: Almonacid de la Sierra, Alpartir, Cosuenda, Aguarón, La Paniza… El paisaje, por aquí, es vitivinícola cien por cien. Visítese, en Cariñena, la Cooperativa San Valero y tómense las muestras de lo que allí hay. Pero, otras bodegas, también tienen lo suyo. 

Sigamos. Y acerquémonos a Tarragona. Y sabremos que los monjes de tres monasterios de esta provincia, allá por la Edad Media, sentaron cátedra como expertos vinicultores. Los de Scala Dei, Santes Creus y Poblet. El primero está hoy en ruinas, pero no los otros dos, que existen en su función puramente religiosa. El prior del primero, Scala Dei, dejó huella perenne. De ahí viene Priorato, nombre que tiene las más gratas resonancia vinícolas. En Tarragona hay vinos tintos, blancos y una modalidad especial de los dulces, los exquisitos rancios. Gandesa, Falset, Reus, Valls y otros puntos colman la medida de cualquier caminante por muy sediento que esté. 

Barcelona tiene también vinos muy sonados. Y con justicia. San Sadurní de Noya con múltiples marcas de champán. Y que todos conocemos. Sitges con su deliciosa y dulce Malvasía. Villafranca del Panadés, con sus tintos y blancos especiales. Y con su Museo del Vino para que «se vea». San Esteban de Sesrovires con su Masía Bach con hondo prestigio de calidades, en vino de mesa y en champán. Y, por último, Alella, con su excelente blanco – marfil -, sus tintos que son algo así como ejemplares. 

Gerona, rincón de España, para algunos no cuenta por importancia vitivinícola, pero lo cierto es que la tiene, y mucha. Dese el que pueda una vuelta por el Alto Ampurdán y verá cómo se cuidan sus viñedos y con cuanta delicadeza se elaboran sus vinos. He aquí algunos pueblos: Pont de Molins, San Clemente, Mollet, Capmany, Espolla, Garriguella… Y Perelada, con su castillo, donde se producen tintos, blancos y champán…non plus ultra. 

Saltemos a Extremadura. En Badajoz hay que contar con Almendralejo y la zona de Los Barros. Y, más arriba, Castuera, Don Benito y Medellín. En este último lugar hay una bodega que embotella, Castillo de Medellín, que conviene probar. 

Cáceres tiene muchos pueblos que producen vino. Pero embotella poco, Miajadas, Trujillo, Zorita, Cañamero, Montehermoso, Hervás, Logrosán. Pero hay un pueblo que no debe olvidarse, Montánchez. Y por dos «razones». Su jamón y su vino. El vino de Galán embotellado es algo más que especial. 

Toro, en Zamora, tiene su famoso tinto de Toro. Es un vino de mucha capa.

Bajemos a Andalucía. Córdoba tiene vinos bien hechos. En Montilla, centro principal, llaman a sus vinos los de la verdad. La razón es clara. El sol es fuerte. Y esto hace que las uvas maduren mucho. Y, al ser así, su dulzura es grande. Y cuanto más dulces, al fermentar el mosto, más alcohol. Se puede tomar nota, en la capital, de las casas Carbonell y Cruz Conde. En Montilla, de Alvear, Cobos, Pérez Barquero, Montulia…En Lucena, Víbora. Y en otros pueblos también hay, Aguilar de la Frontera, Doña Mencía, Cabra, Puente Genil… 

Estos vinos se pueden tomar de aperitivo o a cualquier hora, sueltos. Pero no conviene olvidar que pertenecen a la clase generosos. Esto quiere decir que son finos, secos y de fuerza. Los hay dulces también. Hijos, los más, de Pedro Ximénez, una cepa con solera. 

También la Pedro Ximénez y la Moscatel dan los vinos malagueños tan notables y de gran calidad. Los suelos pizarrosos – se dice – dan alimento a esas cepas. Vélez-Málaga es uno de los centros más productores. 

El nombre de Jerez está acuñado en la mente de todos. El vino que aquí se produce recorre los caminos del mundo, y representa a España cuando en alguna reunión se arma “jaleo». Tienen una larga historia. Son un legado árabe. Y que, poco a poco, han mejorado los cristianos. Jerez es un pueblo hondo y vistoso que nos brinda ocasiones para tomar. Su caballería refinada y la bravura de su tauromaquia nos dan «clima» para los sabores. Bajo la presidencia de San Ginés de la Jara, en las fiestas de la vendimia, los jerezanos echan la casa por la ventana… Domecq, González Byass, Palomino y Vergara… 

Cerca está Puerto de Santa María, que también figura en la denominación de origen «Jerez». Y donde están las casas Terry, & Osborne… 

Y Sanlúcar de Barrameda con su pálida manzanilla. Esta es un jerez hecho con levaduras oreadas por aires marinos. 

Jumilla y Yecla son grandes pueblos de la provincia de Murcia que producen unos vinos muy solicitados en el extranjero. En Jumilla hay casas que “dan la hora». Bleda, Savín... 

Villana, Pinoso y otros puntos de Alicante dan los vinos «fondillones» de los cuales solía hablar Azorín.

Valencia también está «surtida» de buenos vinos, tintos y blancos. Los nombres de Requena, Utiel, Cheste, Turís, Liria y Puebla del Duc no deben ser olvidados nunca. 

Otras provincias, con algunos pueblos, también cuentan a la hora de hacer el balance de los vinos españoles. Salamanca, Huesca, Teruel, Castellón, Huelva, Granada, Almería. Y Vizcaya con su chacolí, vino ligero y acidillo. 

Y, para finalizar, hagamos un epílogo que venga al caso. Luis Vives, humanista genial, dijo en su tiempo, a principios del siglo XVI: «Se debe beber, mas no desordenadamente. Come cuando tengas hambre y bebe cuando tengas sed, y el hambre y la sed te dirán cuándo, cuánto y hasta dónde». 

Y ahora veamos lo que dice un médico moderno, de hoy. Se trata de Morris E. Chafetz, profesor de la Universidad de Harvard y director del departamento de alcohólicos del Hospital General de Massachusetts. En su reciente libro LIQUOR THE SERVANT OF MAN, al final, se lee esto: «Yo bebo vino y ¡a mucha honra! Y no sólo bebo yo, sino también mi mujer y mis hijos. Amo la vida y me gusta el placer. Y no me refiero únicamente a los placeres físicos, sino a todos los placeres. Me gusta contemplar un bello paisaje, o una ciudad antigua, o el paso de las nubes por el cielo…»  Claro es que, para todo, tiene en cuenta la prudencia y el comedimiento.

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