Valladolid, o la espiritualidad

Turismo y Vida

Publicado en: Turismo y Vida. Febrero-1972

por ALEJANDRO SELA

Valladolid, provincia que conozco bastante bien es, para mí siempre, incitadora de emociones. ¿De qué clase? De todas.

El punto de arranque, para quedar casi anonadado, está en el Museo de Escultura, Colegio de San Gregorio. Aquí, si se detiene uno un par de horas, se espiritualiza definitivamente. Viendo las “cosas” de Gregorio Fernández, Berruguete y Juan de Juni, el contemplador se eleva a lo más.

Yo, cuando estoy espiritualizado, puede decirse que soy “de aviación”. O un pájaro de plumajes poco vistosos.

Demos una vuelta, volando, para conocer los vinos de esta provincia, Como no hay montañas se puede volar sin temor.

Tres zonas hay especialmente señaladas vinícolamente hablando. Una, hacia el norte: Cigales, Mucientes, Fuensaldaña… Otra, al este: Peñafiel, Valbuena de Duero… Y la última más bien hacia el sur: Serrada, Pozáldez, La Seca, Dueñas, Nava de Rey…

La primera tiene fama por sus claretes. La segunda por sus tintos. Y la tercera por sus blancos. Son estos blancos de mesa y generosos.

En todos los lugares que cito hay casas que elaboran muy bien. Y logran estupendas calidades.

Los elementos fundamentales para obtener buenos vinos los hay en Valladolid. Sol, suelo y, en el vitivinicultor, voluntad de hacer las cosas bien.

Pero, lo sé, los vinos de estas tierras no están en todas partes. Me refiero a España. Ignoro las causas.

Yo, con toda la humildad que se quiera, me considero un explorador de vinos. Y, al hablar de ellos, quisiera que se me entendiera. Cuando, de viaje, se pasa por los lugares que cito, vale la pena detenerse a probar. Y, después, formarse su propio juicio. Que es, en definitiva, lo que cuenta.

Hay muchos pueblos españoles por los cuales no debe pasarse de largo… Si se beben los vinos que recomiendo, con la moderación que procede, el viaje acaba de espiritualizarse del todo. Creo que habrán oído hablar del espíritu del vino.

Si no se gusta de tomar el vino solo, puede acompañarse con corderillo asado de Peñafiel y queso y pan castellanos. ¿Solamente? Digo esto como ejemplo.

Pero, no se olvide, estamos volando. Y desde las alturas podemos ver chopos inhiestos como agujas y algunas masas de pinos de copa plana. Y, si es tiempo, trigales y amapolas…

Y dos castillos con mucha solera, de tal modo cuidados que parecen “del paquete”. Los de Medina del Campo y Torrelobatón. No se me olvida. En Valladolid hay unas castellanas como soles. Pero, cuidado, no quiero decir que sean redondas…

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