Nuestros árboles

Programas y folletos

Publicado en: Programa de las Fiestas de Navia. Agosto-1974

En el año en que estamos, 1974, se celebra en todas partes el Año Forestal Mundial. Era hora de que el mundo abriera los ojos a esa verdad de tanto bulto y tan necesaria como es el árbol.

Navia no puede estar ausente de esa fiesta, en su celebración. En Navia, en su municipio, hay varios millones de árboles forestales: pinos, eucaliptos, robles, chopos, abedules, alisos… Y, además, algunos miles de frutales.

Conviene no olvidar esto. Y no solo para conservarlos sino, también, para aumentarlos. Y, en todo caso, para cuidarlos con la máxima atención y el mejor esmero.

El árbol es, para todos, un pasado fructífero que la Naturaleza puso en nuestro suelo. Y debe ser un porvenir lleno de esperanzadas venturas.

El árbol representa mucho en todos los órdenes. En lo económico están a la vista los servicios que nos presta. Y nos acompaña en la intimidad, en el hogar, en forma de mueble. La química, por su parte, lo hace materia prima de múltiples bienes cada día más fecundos.

En lo espiritual las bondades del árbol son infinitas… Con pueblos, montañas y ríos forma el paisaje. Y el paisaje es alimento del alma. En el día y en la noche es el hogar de la pajarería. Y esta, sin duda, nos canta la alegría de vivir.

Y refresca el aire que respiramos. Lo purifica.

El Dr. Marañón fue toda su vida un enamorado del árbol. Él dijo todo lo que sigue:

“El árbol, en general, es una de mis más hondas preocupaciones nacionales. La paz y el bienestar se simbolizan en el árbol. Porque los hombres criados a la sombra de los árboles tienen que ser más comprensivos, más dúctiles, más generosos que los que aun siendo de condición excelente, reciben sobre su cabeza los rigores del cielo, a plomo, sin la sutil celosía de las hojas…

La llanura pelada dispersa a los hombres… El árbol, en cambio, el árbol copudo que se alza frente a la casa familiar, o el grupo de árboles al borde del camino, o el frutal opimo, o el bosque lleno de misterios, llaman bajo su sombra a los que aman ya, e inducen con su paz, a los enemigos, a deponer su rencor.

De cada árbol que se arranca puede nacer un anarquista. De cada árbol nuevo puede nacer una conversación eficaz y una amistad.”

ALEJANDRO SELA

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