La borrachera

La Semana Vitivinícola, Vino, amor y literatura

Publicado en: La Semana Vitivinícola. 13/20-12-1969; Vino, Amor y Literatura (1971)

“Come cuando tengas hambre bebe cuando tengas sed, y el hambre y la sed, te dirán cuándo, cuánto y hasta donde”

por ALEJANDRO SELA

El hombre busca siempre normalmente lo que le gusta. En principio el hombre se aproxima a todo aquello que puede dar a su vida un contenido emocional. Hay, sin embargo, tres cosas a las cuales se entrega con preferencia para lograr esa emoción: el vino, las mujeres y el juego. En el uso de estas “drogas” el hombre a veces resbala y se cae, se pasa de listo.

Es curioso, los hombres más inteligentes, o los que tienen fama de serlo, son los que con más frecuencia se pierden. Se van, ciegos, en busca del placer inmediato y no se dan cuenta de que detrás de esos placeres está su cruz, su precio: ruina moral, desbarajuste económico y pérdida de salud. Y con todas las secuelas que esto trae consigo.

El placer, no hay duda, es, por ahora, un artículo caro.

Para andar por la vida con equilibrio hace falta tener inteligencia por partida doble. Una inteligencia, por decirlo así, objetiva. Y otra inteligencia, de administración, para controlar la primera.

Gentes con las dos inteligencias hay pocas. Por eso, aunque parezca paradójico, la gente inteligente pinta poco en la vida social. Seres completamente inteligentes, como digo, hay pocos. Los inteligentes, a secas, se pierden. Queda, por eliminación, para regir los puestos clave de la vida social de los pueblos, la gente mediocre, la vulgaridad. En este grupo está la gente honrada. Unos lo son por verdadera vocación de honestidad y otros por falta de capacidad para no tener vergüenza.

Yo, por múltiples razones, tengo que ser de lo más corriente. Pero hay que resignarse. La inteligencia no se compra ni se vende.

Del juego no entiendo nada y pada puedo decir. Sin embargo, y aunque ello suponga una ilusión, de mujeres y de vinos me considero mediadamente experto. El tema que más te gusta tratar es, sin duda, el de las mujeres y, en especial, en cuanto se relacionan con el amor. Pero en esta ocasión, y sintiéndolo mucho, debo darle de lado. En un artículo sobre vinos, al hablar del tema femenino los lectores podrían sentirse defraudados. Tengo, pues, necesariamente, para quedar algo bien, que hablar del vino.

Y, del vino, de sus efectos. El principal es, posiblemente, el que resulta de su abuso, la borrachera.

La borrachera lograda con bebidas exóticas o bebidas de las llamadas modernas es, para un español, la más deleznable de las borracheras. Me inspira el más profundo de los desprecios. Nada diré, directa ni indirectamente, de ella.

La borrachera más simpática es la del español que bebe vino y se pasa. Y la más disculpable. Un borracho español a base de vino puede justificarse de muchas maneras. Por ejemplo, diciendo que bebe por patriotismo. Cuando se conocen, como los conozco yo, los vinos españoles bebidos en la verdadera fuente, en origen, en el lugar de su crianza, es necesario tener una fuerza de voluntad sobrehumana, para evitar el enfile, Montilla, Lucena, Jerez, la Rioja, Alella, Jumilla, Cariñena, Perelada, Villafranca del Panadés, Liria, Peñafiel, Valdepeñas, Rueda, Toro, Albuñol, Málaga, Sitges, Priorato, Valdevimbre, Cebreros, San Martín de Valdeiglesias, Daimiel, Yepes, Colmenar de Oreja, Arganda, Puente Genil, Torrijos, Vega Sicilia, La Horta, Moriles, etc.

Estos nombres al citarlos y al oírlos producen en mi alma una vibración emotiva muy parecida a la vibración de las cuerdas de la guitarra de Andrés Segovia cuando toca Recuerdos de la Alhambra, de Tárrega. Pongamos por caso.

La Celestina y Estebanillo González sienten un verdadero placer no sólo bebiendo vino, sino también nombrándolo, oyendo hablar de él. En este aspecto yo soy un poco Celestino y otro poco Estebanillo. Es así, no lo puedo evitar.

Al llegar aquí, y por lo dicho, no tengo valor para hablar de la borrachera. Es más cómodo para mí ceder la palabra a un filósofo español de cultura universal, un genio de la Edad Media española: Luis Vives.

De Vives nos dice el doctor Marañón que fue un enfermo de gota por abuso del comer y del beber. En sus Diálogos da consejos a sus discípulos como un conocedor y un arrepentido. Sus palabras, pues, tienen un doble valor. Dejemos a Luis Vives que nos releve, con ventaja para el lector, y hable del tema:

– ¡Desdichado! ¿Qué piensas que es embriagarse?

– Darse buena vida; satisfacer a nuestro genio.

– ¿Cuál genio; el bueno o el malo?

– Si lo consideras bien, hallarás que la embriaguez no satisface gusto alguno, como las cosas propias de otros vicios e inclinaciones.

Embriagarse es perder el uso de la razón, del juicio, del albedrío y aun de los sentidos; es convertirse de hombre en bestia; en piedra, que es menos.

Lo que de esto se sigue es fácil de colegir: Hablar sin saber lo que se habla; descubrir el secreto que te pidieron callases; revelar negocios hasta poniendo a riesgo a tu persona, a los tuyos y aun a la patria; no hacer diferencia del amigo ni del enemigo, ni siquiera de la mujer y de la madre. Riñas, disputas, enemistades, contiendas, golpes, heridas y hasta muertes.

– Y aun sin hierro ni sangre, que muchos mueren de la borrachera.

– ¿Quién do querrá encerrarse en su morada con un perro o un gato antes que con un ebrio?

– Y a la embriaguez sigue la pesadez de cabeza y de todo el cuerpo, y embotamiento de los sentidos, y también la debilidad de los nervios, la perlesía y la gota. Se entorpece el entendimiento, se nubla la inteligencia y desaparecen la condura y la discreción.

– Comienzo a entender que la embriaguez es dañosísima, así que de hoy en adelante pondré cuidado de beber sólo hasta alegrarme, no hasta embriagarme.

– Es la alegría puerta de la embriaguez; nadie bebe con intento de embriagarse, pero a la alegría sigue la embriaguez porque es imposible detenerse en los términos de aquélla. Son invisibles las lindes que separan la una de la otra.

– Mientras el vino esté en el vaso, harás de él lo que quieras; cuando lo tienes en el cuerpo él hace de ti lo que quiere porque antes le tienes tú y después te tiene él. Cuando bebes, tratas el vino a tu antojo; cuando lo has bebido, él te trata a ti a su gusto.

– ¿Pero es que no se ha de beber nunca?

– Cuando los necios huyen de un extremo dan en el contrario. Se debe beber, mas no desordenadamente. Sólo la naturaleza enseña a los brutos, y la misma naturaleza, ayudada de la razón, no enseña al hombre. Come cuando tengas hambre y bebe cuando tengas sed, y el hambre y la sed te dirán cuándo, cuánto y hasta dónde.

De acuerdo. Dios nos puso a los hombres la cabeza encima de los hombros. Con ella debemos marcar el rumbo de nuestra existencia a través de ese océano maravilloso y encantador que es la España vitivinícola.

Nació Juan Luis Vives en Valencia el día 6 de marzo de 1492. Precisamente en ese año los Reyes Católicos acabaron la Reconquista tomando Granada. Y en el mismo año Colón hizo lo suyo.

Es curioso. Vives, como decimos, nació en Valencia. Pero en la calle de la Taberna o Bodegón del gallo.

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