Álvaro Delgado, en Oviedo

Eco de Luarca

Publicado en: Eco de Luarca. 12-5-1957

Oviedo, entre los atractivos de la Quincena Comercial próxima, tiene una exposición de pinturas que va a ser sonada. No puede ser de otra manera. Lo decimos con conocimiento de causa. El artista exponente es Álvaro Delgado.

Delgado es nuestro amigo. Y al decir nuestro, nos referimos a la zona occidental asturiana y a los que en ella vivimos. Dos veranos largos, los dos últimos, los pasó trabajando en Navia. Y desde allí salía a diario, por nuestros pueblecitos costeros con el caballete a la espalda y cabalgando en una moto, pinta que te pintarás…

No se nos olvidan las acuarelas que hizo en 1955 y que expuso en la Biblioteca de Navia. La gente, al verlas, al principio, quedaba un poco turbada. Lo que se veía era nuevo para nosotros. Aquello parecían garabatos hechos con pincelada vertiginosa… ris con ras. Y efectivamente, eran garabatos… cargados de arcanos inefables. El arte rebosaba en sus  cartulinas y desconcertaba. Pero solo al principio. Después poco a poco, uno iba comprendiéndolo… ¡Ya!

En el verano último pintó muchos paisajes al óleo, de pequeño tamaño, verdaderos relicarios de belleza. En ellos iba Asturias retratada sin trampa ni cartón. Las aguas oscuras de algunas de nuestras ensenadas aparecían allí, como un espejo. Y las rocas sombrías de los acantilados acicaladas por los oleajes del Cantábrico. Y las lanchitas blancas que se balancean muellemente en el ir y el venir de las mareas con el testuz sujeto por un cabo a un muerto.

Bueno. Pues este Delgado estará con su obra en Oviedo en los próximos días. No va a haber más remedio que ir a verlo. Bien entendido que lo que ahora expone es obra enteramente nueva, de estudio, lo que hizo en Madrid durante el invierno. Según nuestros informes la exposición será a base de figuras y bodegones. Lo menos conocido por nosotros. Y lo que da la medida de un artista que lucha denodadamente por llegar a las cumbres de la hermosura a base de pincel…

Álvaro es un pintor que estudia mucho. Y esto le permite ser maestro. Pero no un maestro cargado de petulancias y pedagogías. No. Así no.

El pinta sus cuadros y nos los enseña como diciendo: Ahí va eso…

¡Sin retórica!

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