Navia

De vuelta del Eo, Programas y folletos
Folleto turístico, publicado en Navia. 1958. Autores: Ramón D. Faraldo y Alejandro Sela

Publicado en: Folleto turístico Navia. Agosto-1958; De vuelta del Eo (1960); Revista del Descenso 2013. Centenario de Alejandro Sela.

Cuando se viene del cielo a estas tierras de Asturias, si se es ángel, lo más próximo a él, para tomar un descanso, es el pico de Panondres. Desde allí, sobre la roca pelada y viva, se puede recrear la vista si la atmósfera está despejada y limpia. Se domina todo el concejo de Navia.

A los pies de uno se verá, en una hondonada, Anleo, con su castillo almenado. A la derecha, Puerto de Vega, pueblo de pesca, Villapedre, Villaoril, Cabanella… A la izquierda, Armental, la cinta gris, de espejo, de la ría de Navia, el casco urbano de la villa del mismo nombre, La Colorada, Andés…

Dentro de estos hitos hay, por cualquier lado que se mire, salteadas, casas blancas o parduzcas que forman pequeños lugares, sembrados y prados con sus verdes de terciopelo. Y en masas de boscaje, también por medio, pinos…

Al fondo, en la lejanía, la mole undosa, movediza del mar. Que unas veces es azul, otras verde, otras, plateado. Según… Y en la desembocadura de la ría, al lado de la playa, una línea de espuma blanca. Infaliblemente…

Si se es ángel se tienen alas. Claro. Así que, en un corto vuelo se pone uno en el campanil de la Iglesia de Navia. Cogido a la cruz del remate, por ejemplo, desde allí se precisa bien lo que le rodea a uno.

Dos puentes – el del tren y el de la carretera – unen a Navia con El Espín, en el concejo de Coaña, y se ve, además, Mohías con su vasto eucaliptal.

Aparecen tendidos, planos, como la palma de la mano, en las márgenes de la ría, ocres juncales con sus tallos hirsutos. Y prados en marisma, en Olga y el Pardo.

Por otro lado, al mediodía, se ve el hostal de los pobres, la casa de Ordenanza.

Se percibe la nota vibrante de una sierra que dentellea una rolla. Y si se pone atención, se oye también un mirlo con pico de oro que canta en la copa de un árbol…

El ángel ha de irse. Se siente el batir de alas. Allá va… hacia las alturas de donde vino. Poco a poco su figura a se pierde entre las nubes.

Pasarán los años…

Y un buen día, añorándolo, dirá a sus amigos, otros ángeles:

Érase una vez un pueblecito de la costa asturiana…

ALEJANDRO SELA

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