Apicultura

Las Riberas del Eo

Publicado en: Las Riberas del Eo. 23-5-1959

Ya me ocurrió varias veces. Pero hace tiempo. Y en el estío, en la fuerza del calor.

Se me ha preguntado.

-¿Vio usted, por casualidad, pasar por aquí un enjambre?

Y yo lo había visto pasar o no.

Ocurre que los enjambres, en ocasiones, se escapan volando de la colmena. Por dos razones. Por reproducción. O por incomodidad.

En este último caso el escape es  total. El enjambre con todas sus unidades se va a la ventura. A otro colmenar. O a fijar su residencia en la copo de un árbol.

 Cuando es por reproducción, el fenómeno se explica así: La abeja reina ha tenido una hija privilegiada, que podemos llamar princesa. Y que quiere ser, a su vez reina. Y como en la colmena hay mucho personal, en torno a ella se agrupan una parte de obreras y zánganos y se van… Con todo el equipo.

Cuando el enjambre se posa en un árbol, como su vuelo no es lejano, el dueño va a por él. Lo recoge. De este modo. Pone la colmena muy cercana al enjambre. Y lo tapa todo con una sábana blanca. Después manipula humos, quemando paja, para que las abejas no se salgan de la cobertura. Y espera una, dos horas… y ya está.

El enjambre recogido en la colmena, se lleva a donde sea.

Según nos dicen los libros, la familia de un enjambre se compone: De una abeja reina, que es grande, patriarcal y hermosa. De un número indefinido de abejas obreras. Y también de un crecido número de abejas zánganos.

Los zánganos, en su existencia, no hacen nada. Comen y se dan buena vida. De ellos, uno, sin que se sepa cual, quizá el más valiente, tiene un elevado destino. Conquistar a la reina. Y lo hará en vuelo. A la luz del sol. Después se dice muere. Su triunfo lo paga caro.

Las obreras son las abejas que vemos en la calle, es decir, en nuestros huertos y en nuestros jardines. En la primavera y en el verano nos topamos con ellas por cualquier lado. Y, a fuerza de verlas a diario no les damos importancia. Pero ellas a nosotros tampoco nos la dan. Van a lo suyo. Recoger néctar, ese jugo azucarado que tienen casi todas las flores. Y con el que después, en la comunidad  de la colmena, harán su miel.

La obrera es la cenicienta de todo el enjambre. Hija de reina no será madre de nadie. Los zánganos ni las miran, pican muy alto. Todos sueñan con prodigar su atención y sus ternuras a la reina.

¡Pobre obrera! Para ella no hay amor. Nada. Ni por equivocación

Es hija de reina y de zángano. Por su madre pertenece a una noble estirpe. Sin embargo, por la de su padre no debe darse importancia ninguna…

De sol a sol, la obrera, en los días buenos, se va por el mundo. Y, como dije, la encontramos en todas partes. Va, en su labor callada, de flor en flor…

En esta tierra asturiana nuestra, había antes muchas más abejas que hay ahora. Poco a poco los colmenares se ven menguados. No hay interés en las gentes.

En la costa, en las proximidades del mar, la abeja tiene poco que hacer, vive mal. Pero no sucede así en las montañas y en los valles que hay entre ellas.

Aún hoy se ven colmenares por los montes, resguardados del norte, cara al sol en su poniente y en su mediodía. Esos colmenares están formados por colmenas que en muchos sitios se llaman “trovos” que es un trozo de árbol horadado.

En algunos puntos el colmenar está en una ladera protegida por una pared circular. Entonces se llaman “cortines”.

Hay una creencia tradicional. No se ha perdido, A los “cortines” se les llama con frecuencia “cortines de rey”. Se dice que fueron constituidos esos colmenares por el rey mismo, o por su mandato, para acreditar su dominio sobre el suelo nacional, o si se quiere su soberanía.

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