El monstruo del Meiro

De vuelta del Eo, Eco de Luarca

Publicado en: Eco de Luarca. 27-9-1959; De vuelta del Eo (1960)

EL PRIMERO QUE LO VIO FUE LUIS DE CIGOÑA. EL VECINDARIO ESTA EN VILO

Meiro, en el concejo de Coaña, es un pueblecillo de poco más de media docena de casas. Es, lo fue siempre, apacible, tranquilo. Pero ahora, desde hace casi un mes, ya no lo es. Un hecho inesperado, una aparición, dio al traste con la tranquilidad y sosiego de sus vecinos.

Y no sólo de Meiro, en verdad. Los pueblos de las cercanías también están alarmados: Coaña, Folgueras, Navia… En ellos no se habla de otra cosa.

Un día Luis de Cigoña, en el río, vio un bicho grande, raro, extraordinario. Fue a su casa a buscar un arma ofensiva para hacerle frente. Cuando volvió ya no vio nada.

En días sucesivos, si bien de raro en raro, otros vecinos lo vieron. Y la voz dando cuenta de su presencia se extendió como reguero de pólvora…

Tiene cabeza de cerdo y orejas de ser humano, dicen unos. Otros, por el contrario, alegan que tiene forma de cocodrilo y el cuerpo todo recubierto de conchas o escamas. Otros agregan que las patas delanteras son de hombre y las de atrás de gaviota. Y, finalmente, no faltan los que lo han visto sólo el rabo, largo, enorme, de color amarillo…

En general, sin embargo, todos coinciden en que es macho y no hembra.

Como vino a Meiro este monstruo. Ahí está el quid de la cuestión. Gentes que tienen preparación geográfica y zoológica dicen que es un ser salido de su área vital y que, al despistarse, se refugió en la ría de Navia y ahora no sabe salir. Los que presumen de más enterados opinan que bajó a Meiro, por el río de este nombre, un día de crecida. No escasean los que creen en la generación espontánea y, por consiguiente, lo consideran indígena, del lugar. O, en el peor de los casos, que es un ser antediluviano que vivió en letargo siglos y siglos y que ahora volvió a la vida movible más fresco que una lechuga.

En fin, todo son hipótesis, todo son supuestos, todo cábalas.

La aparición de este ser plantea arduos problemas. De orden científico más que nada. ¿Es anfibio? ¿Es vertebrado? ¿Es vivíparo? ¿Es ovíparo? ¿Come carne? ¿Pace hierba?.

Todas esas interrogantes, por ahora, están en el misterio. Pero es de sospechar que pronto sea cazado o pescado y entonces se verá lo que hay del asunto.

Vivimos tiempos duros, excesivamente razonables. El cálculo matemático interviene en todo.

Parecía que no quedaba ya tiempo para que la fantasía de unos y otros pudiera echarse a volar y poner un poco de poesía y emoción en lo que se cuenta.

Dichosa edad y siglos dichosos aquellos en los que a la vuelta de cada esquina había una sirena o un sátiro, un endriago o un vestiglo, una náyade o una ninfa. O algo parecido.

Y aquellos tiempos en que había una princesa encantada en un palacio de cristal amparada y protegida por un dragón que echaba largas lenguas de fuego por la boca. Y que un buen día aparecía un príncipe jinete en un caballo blanco con las más puras intenciones. Y que todo acababa en boda, y tal.

Partiendo de una realidad que indudablemente existe se dice lo más razonable y lo más disparatado. Todo a una. Y el curioso, al mismo tiempo que teme, ríe.

Son muchos, forasteros, turistas, los que aparecen por Meiro, preguntando, inquiriendo. No me extraña nada.

El sitio por donde pulula es bueno. Encantador. Pleno de belleza y tranquilidad. Parece imposible que un ser tan extraño haya asentado allí sus reales. El paisaje de Meiro se ha visto siempre amenizado por cantos de mirlo o de jilguero, por lo más fino y delicado de la pajarería. Ahora en esos lugares, a altas horas de la noche, se oye un bramido ronco y estridente que causa, al que no está en el verdadero secreto, hondo pavor…

Álvaro Delgado, pintor avispado e intuitivo, recogió datos muy fidedignos. Y, con ellos, reconstruyó el monstruo en forma tal que parece de verdad. Es, sin duda, su vivo retrato.

¡Parece que está hablando!

SELA

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