SIN TÍTULO (Sobre Álvaro Delgado)

Inédito

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En el verano de 1955, al comienzo, apareció por Navia un hombre joven que se veía, con frecuencia en torno a pueblo, sentado, dibujando o pintando una casa, un árbol o lo que fuera. Al poco tiempo, en un café, alguien me lo presentó. Resultó ser Álvaro Delgado.

Desde entonces somos amigos. Mantenemos una relación cordial. En presencia y en ausencia. En presencia durante tres veranos largos que lleva ya viniendo por Navia. Y en ausencia – él vive en Madrid – a través de frecuente correspondencia.

Delgado nació en Madrid el 9 de junio de 1923. Cuenta pues, 35 años. Pero, a pesar de su juventud, ya tiene su historia en la vida del arte español.

Veámosla. Fue, primero, discípulo de Vázquez Díaz. Y después formó parte de la Escuela de Vallecas en unión de José Carlos Pascual de Lara y Gregorio del Olmo, bajo la dirección de Benjamín Palencia. Era esta una organización en pandilla de rapazuelos totalmente ajenos de riquezas, que, a todo trance querían ser pintores. En el arrabal madrileño trabajaron dos años.

Delgado hizo exposiciones individuales en Madrid, Barcelona, Bilbao, San Sebastián, Santander, Zaragoza, Buenos Aires, Navia, Lisboa y Nueva York.

Últimamente, en la primavera del año que corre, celebró exposiciones en Oviedo y Gijón. Todas con gran éxito. Tomó parte además, en muchas colectivas.

Concurrió a la Bienal Hispanoamericana de Cuba y Barcelona en 1954 y 1956 respectivamente. En la primera, la de Cuba, obtuvo un premio por un cuadro “Máscara” que hoy estará, sin duda, en algún museo de La Habana.

En 1955 ganó el Gran Premio de la Bienal de Arte del Mediterráneo, en Alejandría. Consiguió esa alta distinción en competencia con los mejores pintores de Francia, Italia, Gracias y Egipto. Y le dio, a no dudarlo, renombre universal.

Vivió durante un año en París, en tres estancias. La primavera de 1956 la pasó por Italia.

Tiene cuadros en los museos de Arte Moderno y Arte Contemporáneo de Madrid. Y en los de Buenos Aires, Santo Domingo y otros países.

Esta es, lo pudiéramos llamar, su ficha. Pero no lo es todo. Su vida hasta ahora breve está estupendamente aprovechada. Tiene un conocimiento hondo de las cosas. Ha trabajado reciamente… Ha leído lo indecible. Está al tanto de la historia de las últimas corrientes del arte, de la literatura, de la poesía. En fin, que con él se puede hablar de lo que se quiera. Y hay que oírlo con atención, siempre dice cosas. Y, por si faltara algo, hay que decir que: A los hombres ¡Y a las mujeres!

Álvaro Delgado con las cualidades referidas ha cogido un entrañable amor a Asturias. Afinando más, a las tierras  y a los pueblos del occidente asturiano. Ya lo dije, tres veranos lleva conviviendo con nosotros. Y cada verano tiene para él tres meses y medio. Diez meses largos tiene, pues, de permanencia afectiva en Asturias. Pero residiendo siempre, con su mujer y con su hijo, en Navia.

La vida de este pintor, durante el verano, no es la de un veraneante más que descansa. Es otra. Es una vida perfectamente laboriosa y fecunda. En las mañanas trabaja en su estudio. Y, por las tardes, se va a un lado y a otro para pintar paisajes, marinas preferentemente. Un día en Luarca, otro a Viavélez. O Puerto de Vega, o Castropol, o Tapia, u Ortiguera, o Figueras. Todo lo ve , todo lo pinta, todo le interesa…

Algunos días, sin embargo, descansa. Esos días un grupo de amigos, los aprovechamos para dar un “voleo”. Unas veces vamos a Grandas de Salime, otras a Taramundi, otras a Ribadeo,… Y siempre traemos un “carro” de fotos. Álvaro, tenía que ser, es el más experto en “película”.

Esta zona asturiana, tan olvidada siempre, está poniéndose de moda. Está haciéndose ver. Y nada más justo. Hay belleza, por cualquier parte, a dar con un palo. Hay, cada día, más comodidades, más refinamiento. A ojos vistas se nota que esto marcha hacia las metas de lo ideal. En la ría del Eo, en tierras gallegas concretamente en Ribadeo, se está concluyendo un Parador de Turismo que será algo notable. En Tapia, sobre las alturas de la playa se está haciendo, por iniciativa privada, algo parecido. En fin…

Álvaro Delgado, como veraneante de por aquí, ha sido uno de los adelantados. En los tres veranos habrá hecho más de ciento cincuenta óleos de paisajes, bodegones,… Todo lo que tiene importancia, en un sentido o en otro, él lo estabiliza y lo plasma en un lienzo. Algo de su obra queda por aquí, pero la mayor parte le sigue, concluido el verano, a Madrid. Y desde allí, por ventas, se va en todas las direcciones de la rosa náutica.

En este sentido, no hay duda, Asturias se universaliza Pudiéramos decir…

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